Marcelo Crovato – En los barrotes de la injusticia

Marcelo Crovato, el abogado que enviaron a la cárcel por ejercer su profesión

Salió pero no regresó a casa. Lo que comenzó como un procedimiento de rutina para este miembro del Foro Penal terminó en un pasaje con destino a la prisión de Yare y una posterior medida de casa por cárcel que acumula más de tres años sin juicio ni sentencia

Luis Pico

Video: Delwin Meza

Al abogado Marcelo Crovato la vida le cambió literalmente de la noche a la mañana. Faltaban todavía un par de horas para que saliera el sol cuando repentinamente una llamada telefónica le interrumpió el sueño.

“Ha de ser una emergencia”, pensó antes de atender, y en efecto, así fue: al otro lado del teléfono, Ignacio Porras, un vecino que vivía a media cuadra, le pedía auxilio, pues agentes del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) estaban allanando su apartamento y su lavandería, ubicados en la calle Páez del municipio Chacao.

Lo que Crovato no sabía era que al salir el sol, Porras ya no sería su cliente sino su compañero de reclusión, debido a que funcionarios del CICPC los acusaron tanto a ellos como a un grupo de ciudadanos de financiar las denominadas “guarimbas” contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro a finales de abril del año 2014, por ende, todos quedaron detenidos.

La esposa de Crovato, Elky Arellano, activista por los derechos humanos, rememoró la escena. “Estoy detenido’, fue lo único que alcanzó a decirme por teléfono, en lo que sin duda es algo insólito, porque lo aprehendieron en pleno ejercicio de su profesión”, recordó para El Nacional Web.

De esa manera, lo que debía ser un procedimiento de rutina para el abogado, que recientemente se había investido como miembro de la ONG Foro Penal Venezolano (FPV), se había convertido apenas en el comienzo de un calvario que arrancó en un calabozo de la sede de la Brigada de Acciones Especiales (BAE) en San Agustín del Sur, y que pocos días después empeoraría en la Cárcel de Yare III, donde ahora tendría que convivir con delincuentes comunes acusados de delitos como homicidio, secuestro, extorsión o estafa.

La oscuridad de la noche, el repique de cornetas reproduciendo canciones de salsa y el olor nauseabundo de las cloacas le dieron la bienvenida al penal, en el que también se hallaba recluido un grupo de estudiantes universitarios detenidos en el marco de las protestas.

Los minutos ahora serían como horas, los días como semanas y los meses como años; el suelo le serviría para dormir y su paladar dejaría de degustar el agua fría y comida caliente para dar paso, cuando tenía suerte, a una dieta carcelaria de arepas y caraotas. Pero lo peor no se hallaría dentro de los muros que ahora lo rodeaban sino fuera de ellos, donde la niñez de sus dos hijos no sabría cómo justificar la ausencia de un padre que ya no podría llevarlos a la escuela o a jugar al fútbol los fines de semana.

“Los presos lo respetaron salvo episodios aislados, pero por su pésima alimentación bajó 35 kilos y le diagnosticaron desnutrición. Además, por dormir en el piso, sufrió lesiones en la columna”, enumeró Arellano, para rematar: “También cayó en depresión debido a la impotencia de que le sucediera algo tan injusto”.

“Casa por cárcel no es libertad”

Diez meses transcurrió Crovato en Yare rodeado por delincuentes , hasta que luego de unos cuantos diferimientos por parte de unos tribunales que constantemente se negaron a despachar, recibió una medida humanitaria de casa por cárcel, que le permitió abandonar la prisión y reencontrarse con sus hijos, a los que no vio en ese lapso.

“Cuando regresó abrazó a sus hijos y su estado de salud mejoró tanto por la comida como por el simple hecho de dormir en una cama”, recalcó Arellano.

Sin embargo, advirtió que eso no es suficiente, pues considera que su esposo debería estar en libertad por ser inocente de los delitos de instigación pública, asociación para delinquir, obstrucción a la vía pública y desobediencia de las leyes, los cuales le imputan. “No ha cometido ningún delito y casa por cárcel no es libertad”, remarcó.

El tribunal: una pared infranqueable

Más de tres años después de permanecer preso, el caso de Crovato continúa en su fase de audiencia preliminar, a pesar de que las leyes venezolanas establecen que los ciudadanos que permanezcan aprehendidos durante dos años sin sentencia firme deben ser liberados de manera inmediata.

“Los tribunales no se pronuncian por la libertad pese a los años. Tampoco responden sobre las solicitudes que ha hecho la defensa para que se le dé una cautelar, ni tampoco para que pueda hacer sus rehabilitaciones por sus operaciones de columna”, fustigó Arellano.

Ante ese escenario, hizo un llamado a los jueces para que rectifiquen su actitud, al tiempo que sostuvo, no entienden por qué no les dan respuesta.

“Ya ni siquiera nos preguntamos el porqué Marcelo está preso. Mis hijos añoran poder ir al parque con su papá, que pueda ir a verlos jugar al fútbol; no pedimos nada extraordinario más allá de que volvamos a gozar de lo cotidiano”, exigió.